6 de febrero de 2012

Con la música a otra parte.

Llevo sin actualizar este blog casi un año. Sencillamente no tenía nada que contar. La materia para la que fue originalmente creado se agotaba, así que he decidido abrirlo a nuevas posibilidades, de ahí el cambio a un titulo que sugiera algo más general, abarcando nuevos campos.

Intentaré no convertir esto en uno de esos blogs personales en los que alguien acaba volcando toda su tortura emocional y dándole vueltas a temas más que manidos. ¿Para qué sirve eso, una especie de terapia? No, esto es el blog de un pobre diablo que escribe sobre música, literatura, y puede que alguna película.

Así que, para la entrada de este primer día de renovación, empezamos con una de fotos. El otro día me estuve fijando en esta:


Da la impresión de ser un "robado", pero me parece a mí que nada más lejos de la realidad, con esos ojos buscando algo por encima del hombro da la impresión de estar esperando a oir el disparo de la cámara con todos los músculos de la cara en tensión. Tiene que tener contados hasta los pelos del bigote, es su gran retrato.
El fotógrafo le diría algo así como:
-Señor Faulkner, es hora de sacar la foto.
Y el Nobel de Literatura se prepara, se coloca en posición y gira su rostro a un lado con el mentón ligeramente inclinado hacia arriba. Qué dignidad sureña. Dice:
-Este perfil, este.
Tenga en cuenta que esta foto ha de acompañar las sucesivas reedicciones de mi magna obra. Es la imagen que alguien espera del artífice de "El Ruido y La Furia", del tipo que creó la saga de los Sartoris".
Y de repente, un día, pasa esto.




¿Qué significaba esto? Está tumbado en una hamaca, pero tiene la máquina de escribir delante. ¿Es un acto de rebeldía, o está diciendo "Sí, así es como trabajo, esta es mi verdadera imagen, joder, la imagen de un Nobel"?
¿A qué jugaba este hombre? En el sur hace buen tiempo, eso es todo. Se puede fumar en pipa sin camiseta, mientras revolucionas la técnica narrativa. Pero yo no veo que esa foto adorne la solapa de ninguno de sus libros. No, el escritor tiene que ofrecer una imagen acorde a lo que se espera de él, a lo que refleja su obra. Faulkner es un académico que "escribe bien". No podemos sacarle en bañador, con calcetines y esa barriga blanca quemándose al sol de Missisipi.
Por el contrario, un antihéroe, un Bukowski, puede aparecer de esta guisa.


Claro, es lo que esperábamos, es Hank Chinaski. Pero a todo esto, ¿quién está siendo más sincero? ¿quién está más libre al fin y al cabo, de sus propios tópicos y estereotipos? Bukowski era un personaje a tiempo completo, siempre era Chinaski. Prisionero.

Y ya para acabar, no se me ofrece ninguna conclusión, salvo repetir el lugar común de que una imagen vale más que mil palabras, pero no quiero ser tan simple. Diré más bien que cada uno guarde las apariencias, que se comporten y vistan acordemente a lo que aspiran o al lugar que ocupan en la sociedad y en las vidas de los demás. Como Bukowski/Chinaski. Que sea su imagen un reflejo de lo que llevan dentro, porque no todo el mundo puede ser William Faulkner.

Si, es un mal consejo, un consejo nefasto, pero un consejo al fin y al cabo. Ahí está para quien lo quiera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario